Mi primera jornada completa en el Good Bye Lenin: un día de locos

Zakopane, 10 de julio de 2018.

Hoy he tenido mi primera jornada completa en el Good Bye Lenin Hostel y ha sido bastante locura. En serio, yo creo que no me podrían haber pasado más cosas. Todo lo extraño y desafortunado que podía suceder en un hostal ha tenido lugar en el día de hoy. La mañana ha sido relativamente tranquila pero a medida que iba avanzando el día comenzaron a pasar cosas cada vez más surrealistas. Pero bueno, de experiencias se vive y de errores se aprende, ¿no?

Una mañana tranquila

El turno de jornada completa es de 7:00 a 22:00. Esto significa que he estado todo el día yo sola a cargo del hostal. En teoría había acordado con mi compañero Jonathan que tanto ayer como hoy los dos estaríamos en los dos turnos para ayudarnos mutuamente en nuestros primeros días. Sin embargo, me traicionó… Se fue de ruta de montaña y me abandonó a mi suerte en el hostal. Seguro que fue su venganza por haberme ido yo ayer de paseo a Zakopane… Es broma, no pasa nada 😛

Por la mañana hice las tareas propias de este turno: limpié y ordené el salón (que estaba fatal de la noche anterior), preparé el desayuno para los huéspedes, retiré el desayuno a las 11:00…

A mediodía me enfrenté al primer desafío. Antes de la hora del check in, cuando todavía no estaban preparadas las habitaciones, llegó un grupo de 8 australianos que tenían reserva en el hostal. El Good Bye Lenin Hostel tiene un acuerdo con una compañía que organiza trayectos en autobús para gente de Australia y cada semana traen a grupos de más o menos personas.

Fue un momento un poco estresante porque tenía que limpiar el hostal y hacer no 1, sino 8 check ins de golpe. Para mi sorpresa, todos los huéspedes pagaron con tarjeta y registré correctamente todas las reservas.

A partir de aquí es cuando comenzó a liarse el asunto…

Un nuevo huésped: la cabra

La visita inesperada

Cuando terminé el turno de limpieza me senté un rato en la recepción para descansar. Estaba tan tranquilamente mirando el móvil cuando de repente percibió que algo pasaba por la puerta. Levanté la mirada y me encontré a Maika, la cabra de la dueña del hostal. Madre mía, no os imagináis la cara que se me quedó cuando la vi entrar por la puerta. Menos aún cuando vi que iba al salón, que estaba lleno de gente. Pegué un grito en plan “THE GOAT!!!!!!” y cuando los huéspedes la vieron empezaron a gritar también y a subirse en los sofás.

En teoría la cabra estaba atada a un árbol en el jardín del recinto porque antes ya había atacado y asustado a otros compañeros del hostal. Nuestra manager la dejaba allí mientras ella estaba fuera para que no hubiera problemas. No sabemos cómo consiguió escapar pero definitivamente lo consiguió y vino al hostal a hacernos una visita.

La cabra encadenada en un árbol del hostal
La cabra encadenada en un árbol del hostal

El panorama

El panorama era mortal: el grupo de australianos estaba grabando vídeos de la cabra comiéndose lo que había en la mesa del salón, otros huéspedes huyeron a la planta de arriba o salieron del hostal, y yo me encerré en la recepción. Cogí una silla y la puse a modo escudo para que la cabra no entrase a mi zona. También pillé dos bastones de senderismo que había por ahí (por si le daba por atacarme de nuevo…). En fin, un show.

Al final decidí dejar mi miedo atrás y salí de mi escondrijo para ayudar a sacar a la cabra del hostal. Intentamos atraerla hacia la puerta con comida pero Maika es inteligente y creo que ya sabía cuáles eran nuestras intenciones. Al final conseguimos sacarla del hostal pero claro, se quedó en el patio, así que estábamos “encerrados”.

La cabra sentada en el banco, esperando a que saliéramos...
La cabra sentada en el banco, esperando a que saliéramos…

Los únicos que se atrevían a salir fueron dos chicos de Nueva Zelanda que parecían estar encantados con la cabra, acariciándola y todo.

Los chicos de Nueva Zelanda, encantados con Maika
Los chicos de Nueva Zelanda, encantados con Maika

La solución

Hice una rápida llamada a mi manager y, después de alucinar con lo que estaba pasando, me dio algunas instrucciones. La clave era coger pan y, como en el cuento de Pulgarcito, tirar migas en el suelo para que la cabra se las fuera comiendo y fuera siguiendo el camino. Teníamos que conseguir llevar a Maika al jardín del apartamento de los voluntarios. Sin embargo, la cabra se pone muy violenta con las chicas así que tenía que ser algún chico quien llevara a cabo la misión.

La cabra merodeando por el patio, antes de llevarla de vuelta a casa
La cabra merodeando por el patio, antes de llevarla de vuelta a casa

Justo en ese momento llegó mi compañero Jonathan y, junto a unos chicos del hostal, consiguieron llevar a Maika a casa utilizando la técnica del pan. ¡Misión cumplida!

Aquí os dejo el resumen visual del caso, cortesía de Brooke, una de las huéspedes del hostal que grabó lo sucedido en vídeo:

La reserva repentina

Después de la incidencia de la cabra, la cosa no quedó ahí. Siguieron pasando cosas fuera de lo habitual durante toda la jornada. Por ejemplo, de repente llegaron dos chicos polacos al hostal sin reserva preguntando si teníamos espacio para ellos. Así, tal cual. Ninguno hablaba nada de inglés y en el hostal no había nadie que hablara polaco. Tuve que ingeniármelas como pude y al final nos estuvimos comunicando vía Google Translate y con lenguaje de signos. Técnicas infalibles.

Los cambios de habitaciones

Por cosas de la vida unos huéspedes llamaron para cancelar una reserva y una de las habitaciones privadas había quedado vacía. En el grupo de australianos había un chico que tenía adjudicada la otra habitación doble y los demás (entre ellos una pareja) estaban en compartidas., Como había quedado la suite libre, la pareja me preguntó si podían hacer upgrade y cambiarse a ésta. Sin problema. De hecho me vino hasta mejor porque así pude encajar a los chicos polacos en la habitación compartida.  

Al incluir dos personas más y cambiar a personas de habitación tuve que hacer cambios en el sistema y encajar las reservas. Además, también tuve que modificar las tarifas porque las habitaciones privadas tienen un coste diferente a las compartidas. Eso parecía un tetris de reservas, moviendo personas de un lado a otro…

El datáfono

Después de hacer varios check ins con pagos con tarjeta el datáfono se quedó sin papel y tuve que cambiar el rollo. No es algo difícil pero si no lo has hecho nunca es un poco confuso porque tienes que saber cómo funciona el datáfono. Sin embargo, no hay nada que Google no pueda solucionar. El único problema es si a la máquina no le da la gana de funcionar, como era el caso.

El señor de la lavandería

También vino el señor de la lavandería para recoger las sábanas y toallas sucias y dejar las limpias. No hablaba absolutamente nada de inglés pero teníamos que comunicarnos de alguna manera porque tenía que pagarle yo. Así que nada, otra vez hice uso del lenguaje de signos y de Google Translate. Lo mejor de estas situaciones es que no son para nada incómodas, sino divertidas, y al final nos lo tomamos de buena gana 😀 ¡Otra prueba superada!

Las sábanas húmedas

Tuve un check in de una pareja de Suecia que se quejó de que las sábanas olían mal. En realidad no es que estuvieran sucias porque toda la ropa de cama está limpia y llega directamente de la lavandería. Sin embargo, como están guardadas en un cajón a veces pueden coger un poco de olor a humedad. En cualquier caso, tuve que retirar y cambiar las sábanas por otras diferentes.

El problema es que faltaba material de lavandería en los cajones del hostal. Cuando llegan las nuevas bolsas con la ropa limpia viene todo mezclado (sábanas, fundas de almohada y de edredones…). Tuve que ir al almacén y rebuscar en la ropa de cama nueva hasta encontrar lo que necesitaba. Menos mal que ya había venido el señor de la lavandería porque si no no sé qué hubiera hecho.

En la misma habitación de la pareja había dos chicas de Singapur. Cuando vieron que los suecos habían pedido el cambio de sábanas, ellas también lo pidieron por si acaso. Así que nada, a rebuscar entre la ropa limpia otra vez 😀

El colchón perdido

Otro de los sucesos raros es que faltaba un colchón en la litera de una habitación compartida. ¿Dónde estaba? A saber. Menos mal que me di cuenta antes de que llegara el huésped y pude solucionarlo a tiempo. Lo que hice fue coger uno de los colchones del ático que estaban libres y bajarlo a la habitación en cuestión. Pero claro, al ático se accede por una trampilla… Lo que significa que tuve que coger el colchón, tirarlo escaleras abajo por el huequito y recogerlo en el piso de abajo.

Además de no tener colchón, la cama tampoco tenía almohada así que tuve que mover cielo y tierra para encontrar una. Eso sí, al final la cama quedó perfecta 😀

El último check in

Cuando ya por fin estaba todo bajo control, llegó mi último check in. Se trata de Jaden, un chico de Estados Unidos muy majo. Nunca olvidaré ese momento porque a partir de ahí la tranquilidad volvió al hostal. Eso sí, he hecho un total de 14 check ins en mi primera jornada de trabajo, batiendo el récord de la semana. Nada mal para ser el primer día.

Las pizzas de recompensa

Después de toda la odisea de jornada, nuestra manager decidió recompensarnos con pizzas a domicilio para cenar. Lo mejor de todo fue la conversación telefónica con el encargado de la pizzería porque nuevamente él no sabía nada de inglés ni yo de polaco. La clave está en mantener la conversación breve y sencilla. Fue algo así como: “pizza margarita, pizza barbacoa, pizza carbonara, pizza de atún, Good Bye Lenin Hostel, Zakopane”. Y las pizzas llegaron 😀

Terminé el día jugando al UNO con los huéspedes en el salón del hostal. He sobrevivido a mi primer turno de jornada completa, pero ahora tengo intriga por saber cómo será el siguiente…

Jugando al UNO después de una jornada intensa
Jugando al UNO después de una jornada intensa

Resumen de la jornada

Definitivamente ha sido un día muy intenso. Primero de todo, he conocido a muchísima gente nueva. Los nuevos huéspedes del hostal son muy agradables y así da gusto trabajar. Por otro lado, me he visto ante situaciones fuera de lo común en mi primera jornada de trabajo sola. Al final todo ha quedado como una anécdota pero, sin duda, será uno de los días que siempre recordaré en el Good Bye Lenin Hostel.

Además, después de esta jornada de trabajo he sacado algunos aprendizajes que me gustaría compartir:

  • Siempre hay una solución para cada problema.
  • No estás solo. Hay personas buenas dispuestas a ayudarte.
  • La mayoría de gente es muy comprensiva (sobre todo con tu primer día de trabajo).
  • Una buena comunicación y una sonrisa pueden arreglar hasta la situación más negativa.
  • Las cosas fuera de lo normal son las que hacen que el día sea más interesante y las que siempre recordarás.
  • Si vuelve a pasar algo parecido, la próxima vez ya sabré cómo actuar (ahora ya sé cómo sacar cabras del hostal).
  • De los errores se aprende, y del aprendizaje creces personal y profesionalmente.
  • Nunca es tarde para probar una nueva profesión.
  • Como dice el refrán: “a la cama no te irás sin saber una cosa más”.
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